Crecimiento Personal

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DEBE HABER ALGO MUY MALO CONMIGO

Hice mi primera dieta a los 6 años, fui la integrante más chiquita en Weight Watchers a los 8, acumulé tantas dietas en mi haber que parecía coleccionista, por supuesto el único resultado real fue convencerme de que mi cuerpo, mi peso, la comida y yo éramos grandes enemigos naturales. Tener esto como primer pensamiento al abrir los ojos en la mañana y como el último antes de poner mi cabeza en la almohada en la noche, era cosa normal de todos los días.

DEBE HABER ALGO MUY MALO CONMIGO

Esto, que suena a tragedia griega, se convertía en la mismísima Guerra de Troya por la curiosa coincidencia de que, entre peor me sentía con mi cuerpo, la comida y mi peso, peor me sentía conmigo misma, ya que había otras áreas de mi vida que también sufrían. Áreas que necesitaban de mí atención, pero carecía de la energía, la guía y la atención para atenderlas. Parte por sentirme incapaz de lograr cualquier cambio benéfico (quién no pensaría así después de decenas de dietas fallidas) y parte porque seguía muy ocupada en mantener mi preocupación por mi “descontrolado” peso. Después de todo, aunque no se logre el objetivo, uno de los mandamientos más importantes hoy en día es vivir preocupada por el cuerpo, ¿cierto? Al menos así, sentía que hacía algo bien.

Pues así fueron mis primeros años, seguidos de mi adolescencia y de mi adultez temprana. Hubo ciertos momentos de claridad, donde de pronto sentía que el cuerpo y yo éramos aliados temporales y la comida (por alguna razón) dejaba de ser mi amenaza constante. Era como tocar la Tierra Prometida, como sentirme “normal” por un momento. Sin embargo, inevitablemente regresaba a mi “normal anormalidad”.

Llegó el día en que la dieta milagro del momento “cumplió”, bajé 19 kilos y me alisté para poder vivir la vida de mis sueños. Grande fue mi sorpresa al darme cuenta que el Infierno no había hecho más que calentarse más. Si bien las primeras semanas todo parecía miel sobre hojuelas; la cantidad de energía, obsesión, miedo y rigidez necesarios para mantener el peso logrado de manera artificial, comenzó a consumirme. Curiosamente, los atracones no desaparecieron. Cesaron temporalmente durante las primeras semanas en las que la ilusión me motivaba, pero poco a poco se fueron intensificando a medida que mi miedo y rigidez aumentaban.

Sin importar que tuviera sobrepeso o no, era claro que la comida, mi cuerpo y yo, jamás nos llevaríamos bien.

¿Qué pasaba?

¿Qué había en mí que hacía que engordara con oler la lechuga?

¿Qué me obligaba a abrir el refri para comer (a escondidas) cualquier cosa que se cruzara en mi camino tantas veces al día como pudiera?

¿Por qué me sentía tan incapaz de mantener un equilibrio?

Entre más ahogada me sentía por mis dudas y problemas, más me ahogaba yo misma en comida.

Cuando sentí que no había más que perder, ya cansada de todos los productos milagro y promesas que lo único que enflacaron fue mi cartera, me di la oportunidad de escuchar un enfoque algo distinto. “Es lo último que intento”, me dije. Así que respiré tratando de relajar mi rigidez y abrirme a nuevos panoramas.

NO HAY NADA MALO CONTIGO. LO QUE VES COMO PROBLEMAS NO SON MÁS QUE RETOS CON TU CUERPO Y LA COMIDA. 

Y…

LOS RETOS CON TU CUERPO Y LA COMIDA NO SON MÁS QUE PUERTAS DE ENTRADA AL CRECIMIENTO PERSONAL.

Esas fueron las primeras frases que lograron entrar a mi corazón asustado. Dudo haber absorbido todo su significado en ese momento, pero sentaron las bases para que al pasar de los meses pudiera hacer grandes conexiones.

Esos momentos de claridad, donde la comida, mi cuerpo y yo parecíamos poder llevarnos bien “de la nada” coincidían con momentos en mi vida donde, consciente o inconscientemente, me di la oportunidad de trabajar en mi misma (una nueva clase, un viaje que había estado esperando, una etapa de cercanía y gran comunicación con mi esposo, algún aprendizaje que me emocionara, alguna nueva forma de comunicarme con el mundo, etc.). De la misma manera, cuando estos retos se intensificaban, pude ver que había habido eventos, situaciones o emociones que me hacían sentir atrapada, pesada, frustrada. Poco tenían que ver mi peso y mi figura, esos solo añadían leña al fuego de una imagen corporal extremadamente desvalorizada.

De hecho, entre más desvalorizada me sintiera en distintas áreas de mi vida, más atacaba a mi cuerpo en esos momentos. ¿Coincidencia?… no creo.

Ahora bien, ¿OPORTUNIDADES?

Sí. En lugar de ser los enemigos sociales No. 1 que nos pintan cuando hablamos de comida, cuerpo y peso, resulta que estos retos, al ser un hermoso espejo de nuestras vidas, nos hacen el gran servicio de avisarnos que hay áreas por atender.

¿A qué áreas me refiero? Son tan variadas como personas en el mundo, pero daré algunos de los primeros ejemplos con los que me topé y abrieron paso al cuestionamiento:

  1. Relaciones Personales: ¿Sabes expresar lo que sientes y necesitas? ¿Sabes poner límites? ¿Puedes mostrar tu vulnerabilidad ante el mundo?
  2. Vida Profesional: ¿Haces lo que te da placer o sufres cada momento? ¿Dejas fluir tu energía creativa? ¿Te valoras únicamente a partir del éxito profesional?
  3. Servicio: ¿Qué le das al mundo? ¿Conoces aquello que te hace único y de lo cual el mundo tiene hambre?
  4. Cuidado Personal: ¿Qué tanto te permites RECIBIR del mundo? ¿Te pones como prioridad y te tratas como tal?
  5. Mundo Emocional: ¿Hay algo que tienes guardado y no te atreves a expresar? ¿Tienes algún secreto que, al no poder salir, necesita ser enterrado bajo grandes cantidades de comida? ¿Permites la expresión natural de tu flujo emocional o persigues un estado estático de actitud positiva?
  6. Sensualidad y Sexualidad: ¿Cómo vives esta área de tu vida? ¿Hay culpa, vergüenza, rechazo? ¿Te das la oportunidad de conocer las distintas formas de expresar tu sensualidad? ¿Permites a tu cuerpo percibir y expresar a partir de todos tus sentidos o vives solamente en tu cabeza basad@ en la idea de lo que “debería de ser”?

Resulta que todas estas áreas pueden reflejarse en la manera en la que nos acercamos a la comida y a nuestro cuerpo.

Es más fácil expresar AMOR o RECHAZO por la comida que por alguna persona que queremos.

Es más fácil querer CONTROLAR nuestro peso, que aceptar que nos sentimos “fuera de control” en el trabajo.

Es más fácil CASTIGARNOS con exceso de alimento o ejercicio, que aceptar que estamos molestos por no haber puesto un límite y hacer valer nuestra integridad.

Personalmente, tuve que comenzar a cuestionarme cosas como: la comida, como buen bálsamo para el Alma que llega a ser ¿abuso de ella? ¿la uso para desconectarme? ¿le temo a mi cuerpo y a la comida como un reflejo del intenso temor que siento por alguna otra situación en mi vida?

Llegué a tales respuestas, que me di cuenta que de no haber tenido este tipo de retos, difícilmente me hubiera dado la oportunidad de descubrir estas partes de mí. Difícilmente me hubiera visto en la necesidad de desarrollar talentos nuevos, distintas formas de expresarme, la capacidad de cuidar de mí misma, de hacerme responsable de mis emociones, de sentir el placer de elegir algo que me haga sentir bien y de saber que pase lo que pase, y haga lo que haga, SOY VALIOSA. Mi valor nace de mi esencia y no de mi talla.

Es precisamente así, como entendí que NO HABÍA ABSOLUTAMENTE NADA MALO CONMIGO Y CON NINGUNA OTRA PERSONA.

Somos seres humanos, fluctuantes, complejos, en constante movimiento y desarrollo, en búsqueda de mecanismos de defensa, manejo y adaptación para cualquier situación que la vida nos pueda traer.

Cuando le di la importancia y el valor que se merece a mi mundo interno y a mi expresión externa, entonces la comida pudo dejar de funcionar como un mecanismo de defensa y se convirtió en el placer que es hoy. Mi cuerpo supo que por fin vamos en el mismo barco. Hoy sé que de necesitar usar cualquier mecanismo de adaptación, sabré escucharlo para que juntos tomemos responsabilidad y manejemos la situación lo mejor posible, buscando siempre la enseñanza y el aprendizaje (en vez de paralizarme y tratar de esconder la situación bajo una enorme cantidad de comida).

A esto le llamo CRECIMIENTO PERSONAL, ingrediente básico para cualquiera que busque una relación placentera, armónica, saludable y LIBRE con su cuerpo y la comida.

BIENVENID@ a esta Sección dedicada 100% a temas relacionados con el Crecimiento Personal, espero que aquí encuentres información que te sirva, te nutra y te ayude en tu camino. Todos tus comentarios, preguntas e historias son más que bienvenid@s. Hagamos de este lugar una comunidad de gente que se apoya, se empodera y se ayuda a crecer.

Gina Tager

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