Alimentación Emocional: El Ritual

alimento-para-el-almaCuando vivimos en un mundo donde el bienestar, la salud y el éxito se miden por nuestra capacidad de controlar al cuerpo para mantenerlo dentro de estándares específicos, lo cual incluye medir, pesar y contar cada gramo o caloría que entre a nuestra boca (podemos hacerlo a la perfección o no, pero la creencia está y sobre esa nos medimos), entonces es lógico comprender que en eventos importantes como lo puede ser un cumpleaños, aniversario, vacaciones o Navidad, demos el primer paso ya con miedo y ansiedad por lo que pudiera ocurrir si nos “descarrilamos”.

La tele, el radio y la red se llenan con anuncios y productos que nos ayudarán a sobrevivir semejante evento, evitando a toda costa, que nuestro cuerpo salga de ese estándar preestablecido para así poder decir que “LO LOGRAMOS”.

Este tipo de estrategias incluyen mecanismos tan conocidos como los tuppers con comida hecha en casa mientras el resto (ya sean fuente de envidia o claros pecadores) come pavo con tortas de bacalao; o el famoso ayuno del día completo para poder “soltarse” durante la cena y desquitarse por todas las calorías que dejamos de consumir durante el día (si bien nos va, fue un solo evento, pero si es una temporada la cosa se pone color de hormiga).

Éstas se consideran medidas preventivas, después de las cuales vienen las inigualables estrategias de “control de daños”. Se empieza con designarle a al menos una de las uvas de fin de año, la tarea de motivarnos para volver al buen camino a través de una estricta dieta, una inscripción al gimnasio más cercano y/o la promesa de que el 2 de Febrero NO LE ENTRAREMOS A LOS TAMALES.

Es tanta nuestra devoción por estas creencias de éxito y bienestar, que no nos hemos dado siquiera la oportunidad de ver que, de funcionar estas estrategias, YA HUBIERAN FUNCIONADO DESDE HACE MUCHO TIEMPO.

Viéndolo desde el lado físico, las fluctuaciones de peso son mucho mayores en aquellas personas que viven con la idea de que TIENEN QUE VIVIR A DIETA. Aquellas que solo de pensar en “dejarse ir” se tensan, preparándose para una batalla interna. Aquellos grandes pecadores (a los que secretamente envidiamos por poder comer lo que quieran) difícilmente están pensando en la dieta que van a comenzar el 7 de Enero y curiosamente son los que mantienen su peso sin necesidad de ayunos o dietas de los astros.

¿Por qué?

Porque, y sigo en el plano físico, el simple hecho de ver a la comida como el enemigo prepara el escenario perfecto para la tormenta perfecta. Si tenemos que “ganar la batalla” de forma obligatoria al menos 3 veces al día, si vivimos en guerra constante (una guerra que nunca se acaba) es altamente probable que más de una vez, perdamos la batalla. ¿Qué cuerpo puede encontrar estabilidad viviendo en constante amenaza? Además, bien sabemos que solo basta considerar algo como “prohibido” para que se vuelva más interesante, ¿cierto?

¿Cuál crees que es la respuesta del cuerpo al ver semejante festín después de haber sido “matado de hambre” durante todo el día? Les puedo asegurar que no será una cena llena de calma, mesura y satisfacción consciente.

¿Qué pasa cuando, al comerme la rosca, me estoy recordando que TENGO QUE comenzar la dieta mañana y que no volveré a pecar probando bocados tan deliciosos? Quizá nuestra razón pueda “controlarse” pero el cuerpo pondrá piloto automático, asegurándose de obtener suficiente para aguantar durante los meses de “sequía”.

No es tan raro entonces que las fluctuaciones de peso más agudas se vean en los dietistas crónicos, ¿verdad?

Pero ahora, quisiera salirme del ámbito físico e irme a uno igual o más importante aún.

Si bien, muchos de nosotros podríamos convencernos de que no vale la pena preparar el platillo favorito de nuestra infancia y que una ensalada de atún es igual de rica (y nutricionalmente hablando, puedo darles la razón), ¿han notado el papel que juega la comida como mecanismo de CONEXIÓN SOCIAL?

Resulta que cuando comemos ese pavo hecho con la receta familiar, cuando probamos el platillo que nos lleva a esas fiestas de la niñez, o cuando compartimos un pedazo de rosca rodeados de risas y amor, estamos usando la comida para alimentarnos de mucho más que solamente de nutrientes y calorías. Estamos nutriendo al Alma, a través de la conexión que logramos con aquellos a los que amamos.

¿Recuerdas la última vez que llevaste tu propia comida a la cena de Navidad? Estoy segura sí; muy probablemente estaba mucho más equilibrada que la vasta Cena Navideña.

Sin embargo, ¿acaso no notaste esa fina e invisible barrera que se levantaba entre tú y el resto de los comensales? Esta barrera no tiene nada que ver con prejuicios, ni con críticas, tiene que ver con nuestra capacidad para involucrarnos en lo que sucede a nuestro alrededor, tiene que ver con nuestra capacidad de relajarnos ante el momento y compartir emociones, sensaciones y sabores. ¿Cuántas celebraciones hemos tenido donde solamente una pequeña parte de nosotros está presente y la otra está ocupada tratando de mantener el control y sufriendo por lo que no puede tener?

Sí, entiendo el miedo a “perderse”. Pero la realidad es que, tendemos a “perdernos” cuando nos desconectamos. Es el mismo miedo a permitirnos experimentar el momento de manera plena, el que nos lleva a crear esa fina barrera (controlando nuestro alimento) y a desconectarnos (dejando de notar y sentir aquello que comemos, al punto de llegar a lastimar a nuestro cuerpo).

Este tipo de eventos donde abundan la celebración, la unión y la conexión, siempre tienen comida de por medio porque es una de nuestras maneras de conectar. Si entendemos que estamos diseñados para buscar aquello que nos haga sentir bien, porque eso significa VIDA, es fácil comprender que al permitirnos sentir verdadero y profundo placer al comer, estamos compartiendo bienestar, estamos COMPARTIENDO LA VIDA.

Cuando nos permitimos vivir el RITUAL, con todas sus partes, todos sus sabores, todas sus sensaciones, de manera presente, pausada y nos abrimos para recibir de manera CONSCIENTE, el exceso que viene promovido por la desconexión, sale sobrando.

Y si, mejor aún, puedo relajarme al punto de que mi cuerpo sepa que no hace falta buscar reservas ya que esta no será la única y última vez que vuelvo a probar semejante delicia, será mucho más fácil consumir la cantidad que me haga sentir bien.

Después de todo, cuando eliminamos las prohibiciones de nuestro mundo alimenticio (tanto para el cuerpo como para el Alma) podemos relajarnos al saber que SIEMPRE habrá otra celebración, otro cumpleaños, otro pastel, otra Navidad.

Como dice mi gran mentor y maestro, Marc David, en su libro “Nourishing Wisdom”:

“Reconozco que en su nivel más profundo, comer es la afirmación de la Vida. Cada vez que como, acepto desde dentro de mí, continuar mi Vida en la Tierra. Entiendo que esta elección de comer es un acto fundamental de amor y nutrición, una verdadera celebración a mi existencia. Como un ser humano en esta Tierra, acepto ser un comensal. Acepto la Vida, una y otra y otra y otra vez…” – Marc David

Gina Tager

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