Alimentación Intuitiva: Educar sin Autoridad

¿QUIÉN DECIDE QUÉ VAS A COMER, LA CABEZA O

EL CUERPO?

En una época donde la cantidad de información a la que tenemos acceso es sin precedentes, donde el conocimiento del cuerpo humano es mayor que nunca y donde la especialización está a la orden del día, no solo abundan una gran cantidad de “remedios”, programas, consejos, expertos y dietas que nos dicen qué comer y qué no, también abundan la confusión y la sensación de estar perdidos cuando se trata de saber exactamente qué es lo que nuestro cuerpo necesita.

Pareciera que, mientras más información tenemos disponible, más difícil nos resulta cuidarnos a nosotros mismos sin la necesidad de una guía externa que nos indique paso a paso ¿qué hacer?.

Eso es claro, si queremos sentir que estamos haciendo las cosas bien… ¿cierto?

¿Cuándo fue la última vez que comiste, SIN CULPA, sin la necesidad de una guía externa en cualquiera de sus múltiples presentaciones? (la famosa hojita pegada en el refrigerador, a veces proveída por nutriólogos, otras por el libro de la dieta milagro o tomada a dictado vía telefónica por la amiga que acaba de descubrir una dieta infalible).

Pareciera que a mayor número de opciones y herramientas, menor es la experiencia que tenemos en nosotros mismos. Menor aún es la conexión a nuestra fuente de sabiduría interna y menor es la confianza en la capacidad que tenemos de cuidar de nosotros mismos de manera funcional.

La Psicología de la Alimentación me confrontó con este hecho, pero he de decir que, en este caso, mis primeras maestras en realidad fueron mis hijas.

Una parte de mí no pudo evitar rebelarse ante la idea de permitir que ellas decidieran cuánto y cuándo comer, especialmente porque la alimentación de mi elección fue la leche materna. Pasé de angustiarme por no estar segura si habían consumido la cantidad necesaria en onzas, a entender que si realmente esto dependiera de mí y de una guía externa, la Naturaleza me hubiera equipado con un radar o sensor para avisarme a qué hora despertar a la bebé de su siesta para comer o en qué momento despegarla porque ya había comido suficiente.

Por más que busqué, ese radar no lo tuve nunca en mis manos… ni en el vientre, ni en la cabeza, ni en el pecho, ni en ningún otro lugar de mi cuerpo.

Yo no… pero ellas .

Que yo no pudiera verlo tal como se vería un contador de calorías en una aplicación de SmartPhone, no quiere decir que no existiera, es más, me atrevo a decir que el sensor de mis hijas es mucho más complejo y eficiente que cualquier teléfono inteligente.

Un sensor cuyo diseño, y adecuada utilización, nos permite ejercitar, vivir y disfrutar algo llamado: ALIMENTACIÓN INTUITIVA. Esa para la que fuimos diseñados y que el exceso de información, mezclada con miedo, nos ha quitado.

El Segundo Cerebro

El intestino contiene algo llamado: Cerebro Entérico. Una cantidad enorme de neuronas encargadas de digerir y asimilar alimentos y emociones. Curiosamente, vivimos convencidos de que nuestra incapacidad de separar los alimentos de las emociones y viceversa, se debe a un gran defecto propio.

Este cerebro es precisamente el sensor que le avisaba a mis hijas cuándo era momento de pedir y cuándo era momento de parar. La creencia de que era yo la responsable de  “controlar” su ingesta, le quitaba todo poder y capacidad a este gran sensor; el mejor aliado de cualquier madre que está alimentando a su pequeñ@.

Como todo sistema, va evolucionando con el tiempo. La Vida está diseñada para exponernos a nuevos retos que nos ayuden a desarrollar nuevas capacidades.

Mi intuición me ayudó a aprobar la lección sobre las cantidades. Sin embargo, mi conexión aún no era suficientemente fuerte y constante como para pasar (en la primera ronda) la clase sobre TIPOS DE ALIMENTOS.

Como bebés no tenemos grandes opciones, pero conforme vamos creciendo, la variedad de alimentos disponibles aumenta y es ahí donde nuestros sistemas de creencias, (aquellos influenciados por la extensa cantidad de información disponible, casi toda ella fundada en el miedo a la enfermedad) nos llevan, como papás responsables, a prohibir o a iniciar lo que pareciera una campaña política a favor de ciertos alimentos.

¿El resultado?

1.Quitarle toda capacidad a la personita en cuestión de APRENDER:

*El lenguaje con el que el cuerpo le comunica aquello que necesita.

*El efecto que cada alimento tiene en su cuerpo. Esto incluye horarios, cantidad y tipo de alimento.

*Los mensajes que su cuerpo le envía para decirle que es suficiente y el agradecimiento o reclamo sobre lo recibido.

2. La desconexión total con el Cerebro Entérico, orilla a l@s niñ@s a desarrollar una Alimentación Analítica, a elegir con la cabeza y no con el cuerpo, a llenarse de confusión nutricional. A vivir infestados de preguntas en situaciones como estas:

*Total confusión cada vez que brinquen de un plan a otro por la cantidad de información que se contradice entre sí. ¿Qué acaso la grasa animal no era el demonio? ¿No se supone que comer pura fruta en la mañana era lo que iba a acelerar mi metabolismo? ¿Qué no se suponía que mientras el pan fuera LIGHT, estaba permitido? ¿Debo hacer ayuno o no?… Etc, etc, etc.

*Miedo… o pánico, diría yo, cada vez que les falte una hojita nueva en el refrigerador. Cada vez que su hartazgo y desilusión sean tales, que decidan que es mejor dejar de intentarlo por un tiempo, y aguantar vivir con la culpa que eso trae. Vivir con la lengua adormecida por la pregunta de todos los días, tres veces al día:

¡¿Y AHORA QUÉ COMO?!

Alimentacion intuitiva2

Comprendo, como madre que soy, que la simple idea de “soltar las riendas” y no tomar la adecuada alimentación de nuestros hij@s bajo nuestro estricto control, puede sonar como algo impensable y convertirse en una fuente terrible de ansiedad. Sin embargo, es precisamente en esos momentos de ansiedad cuando me basta recordar las sabias palabras de Jorge Bucay:

AUTORIDAD ES DISTINTO A ENSEÑANZA.

Como padres, necesitamos educar enseñando, NO MANDANDO.

De ahí que haya descubierto que funciona mucho mejor explicarles los beneficios de un buen pedazo de salmón (cabello laaaargo y brilloso como Rapunzel), de las zanahorias (visión de superhéroe), del jitomate (un corazón fuerte y sano para amar, vivir y jugar), o de una buena porción de nueces (un cerebro ágil listo para inventar historias divertidas y poder contestar adivinanzas), a diferencia de mi antigua y rara vez eficiente estrategia de “te lo comes porque lo digo yo y porque es bueno para ti.”

Si no es a través de nosotros… ¿de qué otra forma podrán aprender lo suficiente para tomar mejores decisiones cuando ya no estemos con ellos?

Sí, la autoridad es muy útil cuando están frente a un peligro real (como querer experimentar a qué sabe una botella de detergente) pero aplicada en el día a día, limita su proceso de aprendizaje, limita el entrenamiento de su Cerebro Entérico, corriendo el riesgo de terminar dependiendo, como muchos de nosotros, de la hojita del refrigerador.

¿Es eso tan grave?

No necesariamente. Incluso aquellos que hemos vivido dependiendo de la “hojita” tenemos una vía de salida: permitirnos la prueba y el error, el aprendizaje y la experiencia. Esa que en su momento se nos negó, o nos negamos.

¿Por qué no, mejor les ahorramos este camino “de reversa” a nuestros hij@s? y de una vez los enseñamos a desarrollar su intuición para que, a través de ella, puedan escuchar y descifrar el idioma de su cuerpo desde el principio.

Hay muchos estudios formales que demuestran que el pequeño que tiene libertad de elección, así como una variedad adecuada de alimentos nutritivos a su alcance*, investigará y se tomará el tiempo para vivir la experiencia de forma presente y, al mismo tiempo, aprenderá a equilibrar sus comidas de acuerdo con las necesidades reales de su cuerpo. (*Nota: si lo único que encuentra en casa es comida chatarra, ya sabemos qué terminará comiendo, tampoco construyamos castillos en el aire, la libertad de elección, no elimina la necesidad de preparar el terreno y aportar los materiales adecuados).

¿En serio?

El ser humano es parte de la Naturaleza, incluso compartimos con otras especies mucho más de lo que nos es cómodo aceptar. La alimentación no es la excepción.

La próxima vez que vean a un león depender de Google, de libros de dietas, de una báscula o de una taza medidora para poder alimentarse correctamente, avísenme, lo grabamos… y nos hacemos millonarios… =)

Fuera de broma, hasta ahora no se ha sabido de ninguna especie animal que requiera asesoría para alimentarse y claramente los investigadores sobre este tema, como por ejemplo Erikson, tampoco.

“Las personas son seres activos buscando adaptarse a su ambiente, más que pasivos esclavos de impulsos.” – Erik Erikson

¿Cómo escuchar al Cerebro Entérico?

¿Alguna vez han notado cómo se les apachurra el estómago en presencia de alguien que “les cae pesado”?

Pues ese es, nada más y nada menos, que su querido Cerebro Entérico mandando señales a través de emociones. Si dudan de su capacidad o incluso de su existencia, pregúntense por qué les dan temporadas donde el antojo por X o Y alimento se hace más fuerte. O por qué cuando estamos enfermos  normalmente queremos comer un caldo, o el símil de una alimento que nos reconforte y nos de un sentimiento de contención.

Alimentos + Emociones = Cerebro Entérico

Cuando le dejamos la decisión enteramente a la CABEZA, corremos el riesgo de caer en prácticas nutricionales influenciadas por el miedo, la confusión y los métodos que han resultado exitosos en otras personas.

¿El resultado?  La pérdida creciente de nuestra capacidad para alimentarnos adecuadamente de manera independiente.

¿De verdad está en nosotros esa capacidad?

De nuevo, la próxima vez que vean a un león depender de Google o de libros de dietas para poder alimentarse correctamente avísenme… nos hacemos millonarios.

Los datos y la información nutricional son herramientas valiosas, hasta el punto en que dejamos de usarlas como simples guías y empezamos a tomarlas como dogmas. Es en ese momento cuando ignoramos al verdadero experto, aquel que fue creado ESPECÍFICAMENTE para ese puesto.

Así que, la próxima vez que vayan a elegir un alimento, denle una oportunidad a ese experto olvidado. Y recuerden que, como todo profesional, necesita la práctica continua para convertirse en un maestro.

Si realmente creemos ese dicho de que LA NATURALEZA ES SABIA, comencemos a confiar en ella y en las herramientas que nos otorgó.

 

Un consejo práctico…

La próxima vez que necesites decidir qué desayunar o cenar, tómate 5 minutos frente al refrigerador y, literalmente, pregúntale a tu cuerpo ¿qué es lo que necesita? y date la oportunidad de ESCUCHAR LA RESPUESTA.

 

¿Escuchas las señales que tu cuerpo te manda durante el día?

¿Sabes entender sus mensajes?

¿Puedes confiar en tu propio experto nutricional?

¿Qué pasaría si lo intentas? ¿Qué pasaría si dejas que tus hij@s lo intenten?

Si tu respuesta es “me da miedo”… es hora de empezar a conocerse de nuevo 😊😊😊

Gina Tager

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También te recomiendo:

*Video: Mantén Abierta Tu Relación con la Comida

*El Código de Tu Cuerpo

*Video: Aprendiendo a Leer el Código de Mi Cuerpo

*Tú Eres Tu Propio Experto Nutricional

*Cómo Educar Sin Premios Ni Castigos / Jorge Bucay y Demian Bucay – TEDx BarcelonaSalon

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