vídeo Video & Artículo: Bullying Nutricional

¡Hola! Soy Ma. Luisa, amiga y colaboradora de Gina, mucho gusto y ¡lindo viernes!😉

Juntas inventamos el título del tema de hoy. Nació en una conversación donde, yo vegetariana y ella carnívora, decidimos que era necesario hacer un video sobre los carnívoros, los herbívoros y los derechos fundamentales de ambos.

Al final resultó que para hacerlo bien, necesitamos hacerlo en conjunto y compartir la experiencia de ambas. Así que sin más preámbulo, les dejo una parte de mi historia como complemento del video que Gina hizo sobre el tema.

México, 1980 – Nace un “Bicho Raro” 

Nací en el año 1980, baja de peso, intolerante a la lactosa, en un México que no estaba tan acostumbrado a recibir bebés “intolerantes” como yo. Durante mis primeros dos meses de vida mis padres padecieron mi llanto, 24 horas seguidas, siete días a la semana, no retenía la leche, no paraba de vomitar… me voltearon de cabeza, de adentro hacia afuera, examen tras examen hasta que por fin un pediatra dio con el problema.

Mi padre barrió supermercados mexicanos y estadounidenses buscando leche de fórmula deslactosada, nada común en esas épocas. Cuando por fin la encontró, no dudó en comprar todas las latas que había en existencia, al punto en que lo apodaron “el loco de la fórmula deslactosada” (al menos según él y su elaborada narración de la historia).

Sobra decir que, sobreviví. Cuando llegó el momento feliz de comenzar con las papillas se toparon con el segundo reto: intolerante a la proteína animal. No me hacía daño como la leche, pero todo lo escupía, pollo, carne de res, pescado, etc., nada me gustaba, solo vegetales y frutas, del resto ni hablar.

La cigüeña (¡pajarraco torpe!) tuvo a bien depositarme en un hogar 100% carnívoro, en todos los sentidos. Sin remilgos ni excepciones mis papás y mis hermanos comen, o comían, todo lo que se les pusiera en frente, crudo o cocido, sin cuestionar. En su mente la idea de una bebé vegetariana, repito, en pleno 1980, era más que inconcebible, inexistente.

Mis padres intentaron TODO. Premios, castigos, esconder “el cadáver” en una montaña de verduras o molerlo en la sopa. Me explicaron las 100 formas trágicas y nefastas en las que podía morir de anemia e inanición si insistía en no comer carne; apelaron a mi consciencia social y me hablaron de los niños pobres del mundo que darían lo que fuera por un plato de comida como el que ellos me ofrecían… nada funcionó. Nunca hubo maldad de mi parte, todo lo probé, todo salió siempre por el mismo lugar por donde entró, no es exageración, el sabor me resultaba nefasto.

Eventualmente ambos se resignaron, me encomendaron a todos los santos existentes y un par que se inventaron en el camino, y me dejaron ser. La historia no termina aquí.

Comienza el Bullying Nutricional

Después de mis padres vinieron mis abuelos, mis tíos, los papás, tíos y abuelos de mis amigas, maestros, pediatras, nanas y adultos en general. Todos en su momento (algunos bien intencionados, otros no tanto) le hicieron saber a mis ya resignados progenitores que “ellos me iban a educar”…

“ya verás que conmigo sí va a comer carne”,

“lo que pasa es que el pescado es muy apestoso, se lo tienes que servir empanizado y con cátsup”,

“el problema es que está malcriada, no la dejes que se pare de la mesa hasta que se termine todo y verás cómo tarde o temprano te va a obedecer”,

“es una melindrosa,quisquillosa, si fuera mi hija no se lo permitiría, el problema es que la tienen muy consentida”,

“no va a crecer bien, va a ser débil y no muy brillante”,

“ignórala, solo quiere llamar la atención, es una payasa”,

“por eso está tan flaca”.

A mis padres, ambos personas admirables, honestamente les afectó poco la crítica social, conociendo bien a la pequeña pesadilla que habían parido (intolerante y con un carácter infernal) solo sonreían sabiendo de antemano el tamaño de episodio que les esperaba a estas personas en sus intentos por “educar” a su retoño.

Bastante tenían ya con el estrés por mi salud y probable muerte por inanición, como para además preocuparse por la crítica social.

Yo, la verdad sí la pasé bastante mal. Más allá de mi fuerte carácter y poca tolerancia, mi rechazo hacia la carne nunca fue por principio o convicción moral… me da un asco terrible e incontrolable. En cada mesa me tocó escuchar el mismo discurso, palabras más, palabras menos: “tienes que comer todo lo que te sirvan, es de mala educación rechazar lo que te ofrecemos y tienes que comer carne o no vas a crecer bien”. Maleducada nunca fui, así que de nuevo, todo lo probé.

Año tras año, episodio bochornoso tras otro, padecí la necedad de los adultos que me vieron crecer. No quiero entrar en grandes descripciones, solo quiero que imaginen a una niña de ocho años sentada en la mesa de su “mejor amiga” del momento, con mamá, papá, herman@s y demás amistades presentes, haciendo su mejor esfuerzo por demostrar su “buena educación”, mientras pedazos de pollo salen disparados a propulsión por su nariz en su intento fallido por llegar al baño, y evitar hacer un oso monumental en la mesa…

…todo porque en 1988 NADIE podía concebir que un ser humano fuera intolerante a los productos animales. Náuseas reales y terribles que nada tenían que ver con mis padres y su estilo de educación, y que en verdad me pusieron en situaciones patéticas durante muchos años de mi vida.

Años de asistir a comidas familiares y ser recibida siempre con la misma letanía “ay qué lástima, todo lo que cocinamos tiene carne, deberías hacer un esfuerzo y probar la comida”. Mi familia es ENORME, todos carnívoros de hueso colorado, fin de semana tras fin de semana me tocó sentarme a verlos comer, llenando mi estómago con sopa de pasta y pan mientras sentía las miradas de desaprobación vigilar cada cucharada.

Cuando me libraba de la comida familiar tocaba ir a algún restaurante, solo para descubrir que en el menú, de nuevo, sopa de pasta, tal vez una ensalada y pan, mucho pan. Pocos entendieron que lejos de ser una “melindres” o “malcriada” hubiera dado lo que fuera por no tener este “problema”, por poder comer de todo y no ser el centro de atención tres veces al día, todos los días.

De nuevo, me queda claro que la mayoría de los adultos de mi infancia no me torturaron por maldad (algunos sí seamos honestos) en aquellos tiempos el vegetarianismo era un tema solo explorado por los hippies de los 60´s y esos no tenían lugar en la mesa de ningún hogar “educado y de buen comer”. No guardo resentimiento alguno hacia nadie, sé que lo hacían por mi bien, algo de ignorancia y una preocupación real por mi buen crecimiento y salud física (emocionalmente me dejaron bastante fregadita, pero bueno, no sabían lo que hacían, se les perdona… 😉)

A los 18 años partí a la universidad y por fin fui dueña y señora de mis decisiones alimenticias. Muchos siguieron metiéndose conmigo, pero si algo positivo deja el Bullying es un buen nivel de tolerancia a la necedad ajena y habilidades espectaculares para “torear” a la gente, como decía mi padre, por no decirlo de otra forma más gráfica y menos pertinente.

A mis 36 años, soy vegetariana, fuera de mi intolerancia a la lactosa y una sinusitis crónica del averno, no tengo mayores afecciones físicas, mentales varias. Soy muy delgada eso sí, tengo un metabolismo ultra-rápido que me obliga a comer bien y en grandes cantidades para mantener mi peso, lo cual no ha sido sencillo, de eso hablaremos luego.

Hay productos animales que sí me gustan, como el huevo, el queso, algunos embutidos o la cochinita pibil (me salen colmillos con la cochinita), pero no me caen NADA bien y por lo mismo tengo que evitarlos. Esto me lleva al punto central de mi historia.

Seres Humanos: Carnívoros y Herbívoros

Creo fervientemente que somos animales con ambos grupos y todas sus variaciones en nuestra familia animal.

Aquí mi explicación:

Como vegetariana de nacimiento, siempre he admirado a los carnívoros. Los he observado a partir de todos los ángulos posibles desde que tengo memoria y aunque ya no los envidio, los respeto enteramente.

Soy animalista al 1000%, no tolero el sufrimiento ni la tortura de ningún ser vivo en esta tierra y defiendo los derechos de TODOS los animales, carnívoros incluidos.

Mis animales favoritos son los felinos. No hay mejor ejemplo de un carnívoro de alto calibre en el mundo, desde el más pequeño hasta el más grande, es innegable, son máquinas asesinas nacidas de la naturaleza… y para mí son sencillamente lo MÁXIMO. No me duele verlos cazar, siento feo por la cebra y la gacela, o la lagartija y el ratón, pero entiendo el ciclo natural de la vida, y entiendo que el proceso, aunque no es lindo de ver, es necesario para algunas especies animales.

Yo, que no tengo ni colmillos (literal), gozo mis vegetales, frutas y semillas, enormemente; por otro lado, he conocido personas que tienen unos colmillazos locos que en verdad parece que ARAN la tierra al caminar. Con esos colmillos increíbles los he visto GOZAR un buen pedazo de carne término medio y mientras más sangre escurra en cada corte, más lo gozan.

Aunque tengo claro que esto de los colmillos no es una regla, sí creo que estas diferencias sutiles son la clave para entender que en nuestra familia, como los pájaros, hay herbívoros y hay carnívoros. Honestamente Yo no creo que esto deba ser un problema para nadie, al menos para mí no lo es.

De Nuevo: El Bullying Nutricional

Regreso al tema del Bullying Nutricional. Hoy en día, Yo ya no soy la rara. Cada vez es más común encontrar lugares vegetarianos, o al menos los restaurantes ya siempre tienen una buena opción vegetariana en sus menús. La gente ya no levanta las cejas al escuchar sobre mis preferencias alimenticias, lo cual me hace MUY feliz. Sin embargo, he notado una tendencia popular que en lo personal me parece… de risa:

Hoy, los “apestados”, los que “están mal”, los que “no son sanos”… son los Carnívoros.

Ahora resulta que “lo de hoy” es el veganismo o el vegetarianismo, y la gran pistola enjuiciadora de la sociedad, en este “despertar herbívoro”, de nuevo se dirige a quienes no quieran o puedan alinearse con este estilo de vida. Me revienta.

Si algo me ha enseñado mi experiencia es que no todos somos iguales, pretender lo contrario creo que es injusto y anti-natural.

Viví el Bullying Nutricional en carne propia y porque sé lo nefasto e incómodo que puede ser, no me parece correcto que ahora los carnívoros lo padezcan. Cada quien es libre de comer lo que su cuerpo necesite y eso no nos hace más o menos humanos, ni más o menos espirituales, ni más o menos conectados con la tierra, o “iluminados”.

Creo que ya todos estamos de acuerdo, por fin, en que el Bullying no está bien. Lo mejor que podemos hacer por nuestra especie, en mi opinión, es aceptar de una buena vez nuestras diferencias y dejarnos en paz los unos a los otros, ocuparnos cada quien de lo suyo y dejar de juzgar o ponerle motes al de enfrente por sus decisiones alimenticias.

A mis queridos carnívoros, les digo:

NO permitan que se les encierre en ningún clóset, porten sus colmillos con orgullo y disfruten de su presa como lo haría el mejor de los leones.

Eso sí… sean conscientes, valoren lo que se están comiendo, no desperdicien, exijan consumir productos y animales que no hayan sido víctimas de tortura, de condiciones de vida infrahumanas. Esto, por el bien de los animales que consumen y de ustedes mismos.

Comer tortura y sufrimiento NO le hace bien a NADIE. Piensen en lo que se están metiendo a la boca, no solo juzguen la textura, el sabor y la calidad de la carne, consideren también la energía de lo que están consumiendo.

El alimento es información para nuestras células, no le den mensajes de dolor e injusticia a su cuerpo. Hasta los felinos, conocidos por jugar con sus presas, saben cuándo parar.

Yo sé que en el mundo en el que vivimos pretender que todo carnívoro cace o pesque su comida es una ridiculez, solo pido que mediten en su naturaleza animal y porten su carnivorismo con seguridad, con dignidad, respeto por la vida y consciencia, eso es todo.

Por último…

Como animalista tengo claro que en sus manos y solo en sus manos está detener el sufrimiento de miles y millones de animales víctimas de una desconexión innecesaria. Estamos desconectados de lo que comemos y es momento de repensar el sistema.

Abracen su instinto, no se dejen, tomen la responsabilidad y pongan orden en la industria que les da de comer y de nuevo, porten sus colmillos con orgullo.

A aquellos carnívoros que critican a los herbívoros, también de corazón les pido:

ALTO al Bullying Nutricional y cada quien a hacer lo suyo.

Aquí les dejo el video que Gina hizo para este tema, mi queridísima carnívora, no se lo pierdan 😊

Gina Tager

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