🗞Lo Que Resistes… Persiste

Es fácil perderse en la ilusión de que el trabajo interno y el crecimiento personal nos llevarán a un estado donde nos hayamos desecho de aquellas partes “malas” dentro de nosotros.

Se cree que el estado “funcional” implica la ausencia de conflicto o la ausencia de cualquier rasgo que pudiera parecer “sombrío”.

Me recuerda mucho a la creencia de que aquel que se cuida y se nutre, jamás subirá un gramo y jamás se enfermará.

También me recuerda la incredulidad, decepción y frustración cuando comprobamos que esto no es así.

La vida está hecha de opuestos, y de todo aquello que está en medio. El estado de vida “funcional” viene cuando podemos ver “la función”, la utilidad, la enseñanza y el regalo en CADA UNA de las partes.

Por lo tanto, la presencia o ausencia de las partes no está bajo nuestro control.

Tanto mi mal humor al estar cansada, como mi rebeldía cuando me dan una orden, como la sensación de que NECESITO ayudar aunque no tenga vela en el entierro, o como mi eterna celulitis, son partes de mi TODO.

Un todo que no me está pidiendo que lo fraccione… sino que lo INTEGRE.

Quizá pudiera “deshacerme” de ellas… una pastillita para atontarme o una cirugía tipo carnicería para tener muslos de princesa… pero no serían más que estrategias violentas y artificiales que lo único que lograrían sería limitar mi esencia, mi experiencia y mi capacidad de aprendizaje.

el todo y sus partes FINAL

Nuestro trabajo no es eliminar las partes, sino comprenderlas, integrarlas, y hacer el mejor uso de cada una de ellas.

Y sí… hablo incluso de las menos aceptadas….

¿Cómo?

Mi mal humor al estar cansada es un invariable barómetro del cuidado que le estoy poniendo a mis horas de sueño y a un ritmo de vida más natural… ¿A quién no le viene bien un indicador de este tipo?

Mi rebeldía al recibir una orden, me ayuda a evitar ser tan sumisa y complaciente con tal de evitar cualquier tipo de confrontación (tendencia que se me ha dado más que bien desde niña).

Mis ganas de ayudar aunque no tenga vela en el entierro, son una parte esencial de la pasión que tengo por conectar y empatizar con el otro de manera humana y compasiva. También son mis grandes maestras para practicar algo llamado límites en mi día a día.

¡Y ahí va la buena!… mi celulitis.

Esta me recuerda, cada día, que “una cara, un cuerpo, o una piel bonita” no son más que pequeñas partes de algo mucho más grande y valioso.

Me ayuda a mantenerme conectada con mi esencia al evitar perderme en la soberbia de las apariencias. Me ayuda a integrar, cada vez que la veo, mi sombra y aquello que por tantos años intenté ocultar, a costa de mi integridad y autenticidad.

Viéndola así… ¿Creen que me tasajearía para deshacerme de tal maestra? jamás.
Me mantiene humana, vulnerable y REAL.

¿Qué partes de ti están esperando ser integradas?

¿Te has dado la oportunidad de encontrar su regalo?

¿Vives intentando fraccionar el TODO, o integrarlo?

Gina Tager

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