El Privilegio de Envejecer

Hace un par de semanas tuve el privilegio de soplar mis velitas de cumpleaños por 38ª vez.

Y digo privilegio, porque si bien siempre he rechazado de manera natural el nervio, rechazo o angustia por acercarme al tan temido 4º piso, hoy puedo decir que he experimentado en carne propia lo acertado de darle la bienvenida a cada día que se nos regala y a la acumulación de años… con todo lo que esto significa.

Le hemos declarado la guerra a cualquier señal que indique que nos alejamos de la juventud. Hacemos de todo por cubrir, tapar y retrasar el inevitable paso del tiempo, como si con cada cana, arruga o cambio de nuestro cuerpo, perdiéramos valor.

Honestamente, no hay nada más alejado de la realidad.
Nuestro valor está en la manera en la que afrontamos cada uno de esos días y, personalmente, cada cana y cada arruga es un recordatorio de esa valentía, de los triunfos, los fracasos y las enseñanzas. En vez de declararle la guerra, les doy la bienvenida y las recibo con los brazos abiertos.

Es más, a diferencia del enemigo que nos dicen que son, y de dedicar gran parte de la vida evitándolos, habemos muchos que luchamos intensamente por llegar a acumularlos y tener la BENDICIÓN DE ENVEJECER. Para mí han sido 6 meses de quimitoterapia, una mastectomía seguida de una muy dura recuperación, innumerables momentos de duda, pérdidas, incertidumbre y hasta miedo… pero también meses de intenso aprendizaje, demostraciones de amor que nunca imaginé y sacar fuerzas de donde no sabía que había.

Si lo comparto hasta ahorita es porque escucho tanto el comentario del miedo a la edad, el miedo a envejecer, el miedo a vivir… que realmente creo que es hora de comenzar a darnos cuenta del privilegio que esto significa. Y no, no lo hago para que me envíen mensajes, pedir compasión o algún tipo de atención especial… es más, si estás leyendo esto, por favor no lo hagas… de haber buscado esto, lo hubiera compartido desde un principio. Lo que sí sería maravilloso es poder sembrar la semillita del amor por la Vida y de la gratitud por tener la bendición de abrir los ojos un día más, de tener la oportunidad de vivirlo en plenitud y de darnos cuenta del valor de cumplir un año más.

Así que sí, estoy feliz de saber que llegué a los 38, que llegaré a los 40, y si Dios me lo permite hasta los 90.

Cada cana, cada arruga y cada cambio en mi cuerpo serán los recordatorios de lo valioso que es cada momento. Porque al fin y al cabo, hagamos lo que hagamos, el tiempo y el cuerpo avanzarán y danzarán a su propio ritmo, en nosotros solamente está el significado que a estos cambios INEVITABLES les demos… yo elijo verlos como un verdadero privilegio, y espero seguir recibiéndolos por muchos, muchos, muchos años más.

Mientras tanto, y porque hay mucho que celebrar, FELIZ ACUMULACIÓN DE AÑOS A MI

Gracias Mike Mares Cobos por estas hermosas fotos.